Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

Mi paso por el colegio Villa de Móstoles (Carta de una estudiante)

Hace pocos días recibimos en el colegio la carta de una alumna que dejó las aulas el curso pasado para iniciar su andadura en la Universidad: Marta Cifuentes, titulada en 2.º de Bachillerato y estudiante del “Villa” desde Infantil. La reproducimos a continuación, no sin antes dedicarle también algunos versos, versos de Gerardo Diego, como corresponde a la atura de la persona a quien van dedicadas.
Gracias a ti, Marta.
“Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y me guardará respeto y cariño.
Y ahora os digo:
amigos,
brindemos por ese niño, […]
y por que siga su camino
intacto y limpio”.

A los tres años de edad comencé mi etapa escolar en primero de Educación Infantil en este centro. Lloraba desconsoladamente porque no quería separarme de mi madre, no me había acostumbrado a hacerlo y, hace un año, paradójicamente, volvía a llorar, pero esta vez por todo lo contrario, se acababa mi andadura por el Colegio Villa de Móstoles tras quince años de formación en él.
Y es que todo ese tiempo ha supuesto para mí, cuando menos, cambios. Los más significativos vinieron los primeros cursos: tuve que acostumbrarme a ir sin pañales, a relacionarme con niños que no conocía hasta entonces y a adaptarme a las normas que nos imponían las profesoras. Conforme fueron pasando los años, acudir al colegio era cada vez más placentero, fui forjando algunas amistades y el centro se convertía en un lugar para aprender, pero, sobre todo, disfrutar y divertirse. Así, llegó otro gran cambio: el paso de Educación Infantil a Educación Primaria. Las clases cada vez se tornaban más complejas, pero a mí me costó poco afrontar este nuevo reto. Era una niña trabajadora y comprometida con todo lo relacionado con las tareas del “cole”. De los seis cursos que componen Primaria, para mí los mejores fueron los últimos: ya dejaba de ser una niña, tenía doce años y, aunque las exigencias en cuanto a los estudios eran mayores, era en el colegio donde más me divertía.
El primer año de la ESO empecé a notar la dificultad de las asignaturas y el cambio drástico de una etapa a otra. Los profesores eran nuevos y tocaba adaptarse a ellos para poder sacar adelante los cursos. Y la verdad es que fue muy fácil: nos ayudaban en todo lo que podían y gracias a eso me fue bastante bien esos cuatro años, sacaba buenas notas y las clases me resultaban amenas. Por último, llegó Bachillerato, la última etapa en el Colegio Villa de Móstoles que debía afrontar antes de “meter el pie” de lleno en la Universidad. Estos últimos años en el centro fueron dos años duros, teníamos muchísimo temario que estudiar y nos faltaban horas en el día. Aun con esta presión encima, fueron años realmente buenos y que se me pasaron volando gracias a todo lo que había que hacer en lo que respecta a los estudios.
Por suerte, ese último año de Bachillerato, incluyendo Selectividad, salió bien y conseguí una nota que me ha permitido formarme en aquello que quería: el periodismo. Tengo claro que si he conseguido mi objetivo, ha sido, en gran parte, gracias a este centro, y es algo por lo que debo estar muy agradecida.
¡Gracias por todo!

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