Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

Taller de creación literaria: “Siempre hay esperanza”

Este curso se ha puesto en marcha en el colegio un taller de creación literaria. La iniciativa ha surgido de la profesora María Dolores Corvillo Fernández, que cada miércoles por la tarde se reúne con un grupo de alumnos, inscritos voluntariamente en la actividad, en un aula de 2.º de ESO. En estas sesiones ofrece a los estudiantes estímulos creativos y técnicas diversas para la composición de relatos cortos.

Juan Simó Álvarez (2.º de ESO A)

Juan Simó Álvarez (2.º de ESO A)

Uno de los participantes en la actividad, Juan Simó Álvarez (2.º de ESO A),  ha querido compartir su primer relato con nosotros en este medio.

 

 

 

 

 

 

Siempre hay esperanza

Esperanza, ¿qué es la esperanza? – había dicho el profesor. La clase había sido muy aburrida, pero aquellas palabras se me habían grabado a fuego en la cabeza; ahora iba caminando por el camino desolado y barrido por el sol de aquel barrio.
Seguro que la esperanza no era tener una madre en la cárcel y vivir con tu padre de okupa en una casa. Mientras pensaba en eso casi había llegado a mi casa; no era difícil distinguirla de las demás, era la única con las persianas cerradas; como no teníamos electricidad y las persianas eran eléctricas, no se podían abrir. Me dirigí a ella y entré con cuidado, mi padre decía que estos primeros días era conveniente que nadie me viera entrar.

Entré y cogí mi vela; había tres, nunca entendería por qué mi padre no asumía de una vez que mamá no estaba; cuando era más pequeño se lo había preguntado, y él me había contestado que era amor, pero yo seguía sin entenderlo. Pero no importaba mucho, no la recordaba y además tenía otras cosas de las que preocuparme. Con la vela apagada llegué a mi habitación, la mejor de la casa; tenía una esterilla en el suelo, una mesa de tres patas un poco carcomida y un taburete azul. Busqué a tientas el taburete y me senté; puse la vela en la mesa y la encendí, iluminando tenuemente la habitación, me puse a hacer rápidamente los deberes. Al cabo de veinte minutos los había acabado. Bajé al parque para tener luz natural y no gastar más velas; mi padre tenía que venir a este banco en media hora. Mientras lo esperaba, me puse a contemplar los patos del lago; ellos tenían más comida que yo, y además la gente les daba, y si cogían algo que no fuera suyo no los acusaban de ladrones, ¡qué suerte tenían!
Llegó mi padre, me contó lo que había hecho y me preguntó por mi día mientras nos dábamos nuestro habitual paseo por el parque. Cuando empezaba a anochecer, decidimos que era hora de ir al comedor, comíamos en un comedor social.
A medianoche, me despertó el sonido de las sirenas de la policía, tremendamente asustado me dirigí al cuarto de mi padre, lo encontré al teléfono y a los pocos minutos había una multitud en el portal intentando evitar el inminente desahucio, mirando por la ventana encontré la respuesta a la pregunta del profesor: la esperanza es saber que hay gente dispuesta a ayudarte en toda circunstancia y que pase lo que pase puedes contar con ellos.

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