Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

De crímenes y baladas

Carlos Alberto Gavilán (Profesor de Matemáticas)

All beauty must die.
Este imperativo parece ser el hilo de Ariadna que Nick Cave ha tratado de seguir a lo largo de toda su carrera musical. Desde los ya lejanos tiempos en The Birthday Party hasta su aventura salvajemente iconoclasta de Grinderman, ha sido, sin embargo, con su banda The Bad Seeds con la que más poderosamente ha profundizado en ese mantra telúrico que nos incita a no tener piedad de la belleza que nos rodea.
Resulta curioso que esta admonición sea pronunciada por este seductor nato en el disco quizá menos personal del autor australiano. ¿O no? Él mismo dejó dicho allá por el año 1998 que la escritura de los temas que formaron el Murder Ballads le liberó de componer sobre sí mismo. Pero, siendo un músico que se ha servido tantas veces del cuento y el relato oral para contar sus historias en el formato de canciones, no parece muy difícil imaginárselo asumiendo ciertos personajes (o al menos, una parte de ellos) a la hora de narrar hechos truculentos donde lo más oscuro y psicótico se da la mano con la inocencia y la ternura.
Murder-Ballads2-768x768Ya la portada del LP nos sobrecoge de tal manera que infunde en nuestro espíritu un estado de alerta sobre lo que vamos a escuchar. En un paisaje nevado abarrotado de abetos aparece, en medio de un claro del bosque alumbrado por la luna llena, una cabaña, con una luz en su interior y una chimenea humeante, que se nos antoja como un refugio ante el frío invierno. Pero, como sucede en los cuentos, si prestamos un poco más de atención, comenzaremos a sentir cierta inquietud respecto a lo que nos aguardará en su interior.
Y esto mismo nos ocurre con las canciones que Nick Cave junto a sus malévolas semillas van desgranando a lo largo de casi una hora de música: las historias que en un principio nos parecían agradables se tornan poco a poco en macabras obsesiones o desvaríos de un demente que, sin embargo, nos resulta extrañamente cercano, como un reflejo de nosotros mismos efectuado por un espejo deformante. Uno se siente irremisiblemente atraído por los crímenes atroces que nos narra (a veces no sin un toque de humor negro) el bueno de Cave, mientras la presencia de voces femeninas (Minogue, PJ Harvey,…) y los cuidadosos arreglos entre el folk, el blues, la música más de raíz y el rock de los poderosos Bad Seeds nos trasladan a un mundo sin culpa donde parece que la maldad no va a tener capacidad para actuar.
Hubo un poeta que definió a la madre como una aspirina al fondo de una cueva. Algo así podría aplicarse a la voz de Nick Cave quien, mientras nos guía como un antiguo vate hasta las regiones más tenebrosas, nos acuna y mece con baladas criminales que van minando nuestra inocencia como una condena, una dulce e inevitable condena.
                                                      Murder Ballads apareció en las tiendas en 1996 bajo el sello de Mute.

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