Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

Mark Rowling

Miguel Madurga Morillo (2.º ESO C)

Miguel Madurga Morillo (2.º ESO C)

Él lo había hecho, en cuanto a eso no había duda, pero ¿cómo descuartizó a tantas personas en tan poco tiempo? Realmente era algo escalofriante. ¿Y por qué se hallaban marcas inhumanas en los cuerpos de los excursionistas? Jamás, a lo largo de mi carrera, se me había presentado un caso tan atroz.
Llegó el día del juicio y entonces apareció él. Aquel hombre era tal y como me lo había descrito el comisario: mediría unos dos metros, lucía una cara ancha, sucia y porosa; era muy corpulento, parecía pasarse las veinticuatro horas del día en el gimnasio; tenía una mirada penetrante, como si acumulase mucho odio. Mordía un palillo de café bar que tiro al suelo nada más entrar a la sala del juicio. Se sentó y cruzo las piernas con mucha pasividad.
Tras algunas preguntas del fiscal, el juez no pudo declarar culpable al Sr. Rowling por falta de pruebas y decidió mantenerlo en los calabozos. Sí que había un testigo presente, pero la tomaron por lunática. Aquella mujer comentaba algo sobre un lobo gigante de unos dos metros. En aquel momento mi cabeza se llenó de preguntas, lo que vio esa mujer podrían ser alucinaciones, pero ¿y si ese hombre tan desaliñado, Mark Rowling, tuviese algo que ver con los encuentros licántropos del mes pasado? Todo encajaba a la perfección, pero no podía decirle al juez que el Sr. Rowling era un hombre lobo, necesitaba pruebas.

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