Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

IMPRESIONES SOBRE MI VOLUNTARIADO EN UN COLEGIO DE PERÚ

Mariano Gómez Soria

Por segunda vez, he tenido una experiencia pedagógica en colegios maristas al otro lado del Atlántico, y más allá, a pocos kilómetros del Pacífico. Este voluntariado surge como consecuencia de la visita que hice a la ciudad de Sullana, al norte de Perú, del Departamento de Piura, en agosto de 2012, después de colaborar en un colegio intercultural de Ecuador en la selva amazónica, donde, una vez terminada mi labor, fui invitado a conocer otras ciudades con colegios de esta congregación, estando una de ellas en la frontera con Perú, y teniendo la oportunidad de visitar esta ciudad cercana. Todo esto quedó plasmado en el relato que expuse en este Periódico Digital en noviembre de 2012.
Aquella visita hizo posible este segundo voluntariado porque el rector, en aquel momento de los colegios “Santa Rosa” y “San José Obrero” de la ciudad de Sullana, el Hno. Félix, me invitó a colaborar con ellos cuando dispusiera del tiempo necesario. Puesto en contacto en enero de este año, y volviendo a reiterarme que aquella invitación seguía en pie, hice todos los preparativos necesarios para poder estar allí al comienzo de su curso escolar (primeros de marzo), después de las vacaciones de su verano austral.
Llegue a la ciudad de Sullana el 25 de febrero del presente año, habiendo salido de Madrid con 7º C y llegando al aeropuerto de Piura, capital del Departamento y a 38 km de mi destino, con 37º C. El cambio de temperatura fue brutal y así permaneció, con pequeñas variaciones, hasta casi el final de mi estancia el 15 de abril.
En los días previos al comienzo del curso, de igual forma que aquí, lo profesores del “Colegio San José obrero”, al que fui asignado, iniciaron sus preparativos con reuniones, convivencias, claustros, programaciones, etc., siendo en una de ellas presentado por el director de este Colegio, situado en el extrarradio de la ciudad, que les indicó cuál sería mi cometido siendo muy bien recibido. Mi labor consistiría en apoyar a los profesores de Historia pasando por las diversas clases de Secundaria, de 1º a 5º, equivalente a nuestra ESO pero con un curso más. No existe bachillerato, por lo que los alumnos al término de este ciclo, y con 17 años, pasan un selectivo que les faculta para ingresar en la universidad.

LOS ALUMNOS
Pronto me di cuenta de la realidad de este colegio mixto al que asisten alumnos de familias trabajadoras y humildes, la mayoría sin recursos económicos, donde los chicos pueden, además de recibir la enseñanza de las materias curriculares, aprender un oficio ya que el Colegio tiene habilitados por las tardes talleres de diversas actividades: administrativas, agropecuarias, de hierro y forja, de carpintería, de panadería-pastelería, etc. Uno de los espacios más llamativos es la granja del colegio, donde los alumnos interesados pueden obtener su capacitación, puesto que tiene todo tipo de animales. La panadería procesa diariamente 22.000 panes y alrededor de 8.000 piezas de diversos tipos de pastelería y bollería, que se reparten a primera hora de la mañana por los diversos barrios de la ciudad. De igual manera, se comercializan productos de la granja como leche, queso, huevos, carne de cerdo (“chancho”), vaca y pollo. Todas estas actividades están en explotación permanente y los beneficios que se obtienen revierten en mejoras de las infraestructuras del Colegio, canchas deportivas, sala de ordenadores, mantenimiento del centro, ayudas a familias, etc.
Pero centrándonos en las aulas (se denominan “salones”), he de decir que el contraste con lo que aquí conocemos es notable. La ratio alumnos/profesor es de 50/1, y a veces se supera, por lo que el espacio que queda para el paso es reducido, por otra parte, estando Sullana a 540 km. de la línea ecuatorial, y situada en un territorio árido y semidesértico, la temperatura en marzo (comienzo de su otoño) es muy elevada y dentro de las clases se agudiza por el número de alumnos, es por eso que, al mes de iniciarse el curso, he podido asistir a una mejora en las clases que ha consistido en dotar a cada una de ellas de dos ventiladores y aliviar así el calor interior. Antes de esta mejora, no pude notar en los alumnos disgusto, enfado o rechazo por el calor, tampoco manifestación y negativa a la asistencia a las clases, como recientemente, al comienzo de nuestro calendario escolar, ha ocurrido en la comunidad valenciana.
Los alumnos son muy respetuosos y disciplinados; son conocedores del esfuerzo que realizan sus familias dejándoles tiempo para estudiar, igualmente son conscientes de la oportunidad que tienen de asistir a un colegio privado y gratuito que les dará la oportunidad de graduarse y poder realizar estudios superiores que les pueda cambiar la vida en el futuro. No obstante, no lo tienen fácil pues deben prestar ayuda a su numerosa familia de 4-5 hermanos o más, hacer pequeños trabajos, cuando surgen, para obtener recursos necesarios para ayudar al mantenimiento familiar, etc. Estos chicos no disponen de libros de texto, las consultas y apuntes necesarios para el aprendizaje los obtienen de los que el profesor de cada asignatura reparte en cada hora de clase, no habiendo el número suficiente de libros para todos pues, generalmente, disponen de uno para cada dos alumnos, aunque he sido testigo de ver cómo cada libro tenía que ser utilizado, en algunas asignaturas, por tres alumnos. Terminada la hora de clase, el profesor los recoge para que puedan ser utilizados por el siguiente grupo. Este material, además de escaso, se encuentra desgastado por el uso anual y continuado de varios grupos durante varios años, y desfasado ya que no pertenece a las nuevas ediciones.
Ante esta situación y ante las preguntas que planteé de si el Ministerio de Educación peruano no facilitaba los libros de texto a estos alumnos, como hace en los colegios de ámbito estatal, me informaron que solamente los facilitan si hay excedentes una vez que se han cubierto las necesidades en los públicos y, eso, a pesar de que los profesores que dan clases en los colegios privados son funcionarios estatales; se considera que el material escolar debe aportarlo la institución privada. Los profesores tratan de superar, en lo posible, esta situación repartiendo fotocopias de material confeccionado por ellos, sacándolo de internet, de resúmenes de libros de texto actualizados, de otros libros de consulta, etc. Los alumnos, por su parte, tratan de obtener textos ya utilizados por conocidos, familiares o vecinos, asistentes a colegios públicos, a fin de tener en casa material para el estudio. En definitiva, es la lucha de todos por obtener la mayor fuente de conocimientos.
Además de ser respetuosos, como he dicho anteriormente, son muy agradecidos ya que son conscientes del esfuerzo que hacen sus mayores, padres y profesores, para que obtengan una formación cada día mejor. En este sentido, y hablando de agradecimiento, he de decir que me sentí abrumado con las muestras de afecto que recibí a lo largo de mes y medio de estancia y contacto con ellos. Enseguida mostraron mucho interés por saber de España, de cómo eran los chicos de su edad, por el fútbol, los equipos y jugadores españoles, por las costumbres, las comidas, el tipo de relación que tenían los chicos y chicas en España, sus formas de divertirse, de su comportamiento en las clases, y un sinfín de interrogantes que me planteaban. Por otro lado, por la forma en que se dirigían a mí para preguntarme cualquier duda sobre los temas que, invitado por los profesores, había explicado, sobre todo los referentes a la historia de Europa o de España, palpé, en las primeros días de clase, un cierto reparo y timidez en sus planteamientos, quizás pensando que sus dudas podían demostrarme su ignorancia o falta de atención a mis exposiciones. Logré tranquilizar sus inquietudes al decirles que había venido a ayudarles, a colaborar con ellos, a escuchar sus problemas y, también, a aprender de su cultura y de sus vivencias, que no vieran en mí al profesor que había llegado para ponerles una calificación, y mucho menos negativa, sino a una persona que estaba tratando de transmitir su experiencia y también su amistad.
Las muestras afectuosas que recibí de ellos al término de mi estancia, materializas en objetos de recuerdo, las pequeñas notas que, individualmente, recibí de cada uno, en las que manifestaban su agradecimiento por lo que les había aportado en las clases, etc., fue la forma generosa y grande que tuvieron de darme las gracias por haber llegado desde tan lejos para estar allí… Me vi obligado a decirles que era yo el que les debía agradecimiento por ser el más beneficiado, ya que había aprendido, y me llevaba, más de lo que pude enseñar y dejar, y que a quienes verdaderamente deberían siempre agradecimiento era a sus padres y profesores puesto que día tras día permanecían junto a ellos.
A nuestros alumnos del “Villa de Móstoles”, si han tenido el interés y la paciencia de leer esta parte de mi relato, donde expongo cómo es la vida escolar de chicos y chicas de su edad en esta parte del mundo, quiero pedirles que hagan un ejercicio de reflexión al comparar los medios que tienen a su alcance aquí, con los que disponen los alumnos peruanos; la suerte que tienen, a pesar de todo, de vivir en el país en el que están, y que cada uno se pregunte si realmente aprovecha bien todos los recursos que tiene a su disposición.

LOS PROFESORES
Como ya he manifestado anteriormente, los profesores del Colegio marista “San José Obrero”, son funcionarios públicos que han optado libremente por ejercer su docencia en un colegio privado.
Tengo que decir que, los profesores de Primaria y Secundaria de Perú, no se sienten valorados por el Estado pues varias de las diferentes leyes que se han aprobado, en cuanto a sus derechos y emolumentos, aún están sin cumplir. El Estado peruano adeuda a sus profesores una compensación económica por el reconocimiento de dos horas diarias en la preparación de las clases, lo que supone que hayan dejado de cobrar miles de soles acumulados en los últimos años. Igualmente, no son retribuidos con arreglo a su antigüedad lo que se traduce en sueldos escasos que tienen que compensar con otros trabajos que nada tienen que ver con su formación: taxistas, dependientes, vendedores, pequeños negocios familiares, etc.
A pesar de todo, son personas abnegadas que luchan por sacar adelante a sus alumnos, sabedores de que carecen de los medios necesarios para poder obtener los conocimientos necesarios para salir adelante en el nivel que cursan, por eso buscan información en internet, en libros de consulta, en otros libros de texto, etc.: la imprimen, la reparten en las clases, la explican, les plantean preguntas sobre la información repartida, les animan a responder las cuestiones que se plantean, corrigen los ejercicios, hacen puestas en común donde cada alumno manifiesta lo que ha entendido, o juegos de rol sobre ciertos contenidos, se comparan las diferentes posturas y se acepta la más acertada o se complementa entre todas, o bien con explicaciones del profesor, para que, finalmente, cada alumno pueda redactar en su cuaderno las conclusiones del tema estudiado. Todo ello hace que la falta de recursos convierta al conjunto de la clase en una colmena donde todos, alumnos y profesor, aportan el “alimento” que supone el conocimiento. La clase es, así, un ente vivo y participativo.
Todo este trabajo lo desarrollan, con variantes según el nivel del curso, todos los días, además de revisar periódicamente los cuadernos de trabajo para valorarlos, e, igualmente, marcar un día señalado para medir el nivel de conocimientos adquiridos en los dos o tres temas en los que se ha avanzado: el examen.
Antes decía que los profesores tenían la necesidad de buscar otros ingresos con trabajos muy alejados de la enseñanza. Todos los que nos dedicamos a esta tarea, siempre nos hemos quejado de lo mal pagados que estamos por el Estado, pero el dato que me manifestaron sobre lo que un profesor, licenciado, se lleva a su casa cada mes, me planteó serios problemas morales. Fue uno de los profesores de Historia, licenciado y con 19 años de ejercicio, el que me ilustró sobre el particular, luego corroborado por los demás profesores con los que compartí clases. El Estado peruano ingresa a un profesor con categoría de licenciado, 1.050 soles netos, es decir el equivalente a 287,70 €. ¿Esta cantidad es justa para el nivel de precios de su cesta de compra? Que cada uno saque sus conclusiones después de los datos que expongo a continuación…
Precios de diversos alimentos y artículos: (1 euro = 3,65 soles)
• PAN.- (no existe el pan como lo conocemos aquí, son bollitos blandos del tamaño del pan de las hamburguesas McDonald’s): 6 panecillos = 1 sol.
• LECHE.- 1 litro = 2,5 soles.
• ARROZ.- 1 Kg. (según calidad) = 2,30 – 2,70 soles.
• AZÚCAR: 1 Kg. = 2 soles.
• ACEITE (de girasol): 1 litro = 7 soles.
• CARNE DE POLLO: 1 kg = 7 soles.
• CARNE DE VACUNO: 1kg. = 12 – 15 soles (según pieza).
• PESCADO: 1 KG. = 5 – 14 soles (según clase).
• GASOLINA: 1 galón (3,78 litros) = 16 soles.
De igual manera, estos profesores desearon agradecerme mi presencia y apoyo en sus clases; quisieron agasajarme y me invitaron, uno de los últimos sábados de mi estancia allí, a una excursión para ver las ruinas cercanas preincaicas de la cultura Tallán, visita al Museo de la Huaca (huaca = antiguos santuarios preincaicos; por extensión restos arqueológicos), visita a una antigua Casona y tierras circundantes que pertenecieron a un rico hacendado (antes de la expropiación por la Reforma Agraria de 1969, ejecutada por el Gobierno dictatorial de Velasco Alvarado) e, incluso, trataron de invitarme a una comida.
Traté de hacerles entender que mi estancia había supuesto un gran aprendizaje para mí, que era yo el que quedaba en deuda con ellos por haberme franqueado la presencia en sus clases, que tenían mi respeto y reconocimiento pues, con mis observaciones diarias, había descubierto “lo mucho que se puede hacer con tan pocos medios”.

SULLANA
La ciudad de Sullana está situada al noroeste de Perú, aproximadamente a 1.000 km. de Lima, a 60 km. de la frontera con Ecuador y a 40 km, de la costa más cercana del Pacífico. Pertenece al Departamento de Piura y su población, según el censo de 2007, es de 156.600 habitantes. Geográficamente se encuentra situada en un entorno de clima semiárido y húmedo, con un terreno arenoso como consecuencia de que toda esa zona estuvo bajo el nivel del mar hasta la evolución geológica situada entre el final del Pleistoceno y principios del Holoceno, donde la sucesión de eventos de levantamiento, hundimiento, erosión, sedimentación y deformación de materiales, como consecuencia de la influencia de la interacción y subducción de la Placa de Nazca por debajo de la Placa Sudamericana, fue conformando el paisaje actual.
Esta situación geológica determina que sean frecuentes los movimientos sísmicos, como ocurre en toda la de costa del Pacífico Sur, habiendo sido testigo, en el tiempo de mi estancia, de un terremoto de 6,2 grados de la escala de Richter. En esta zona, la gravedad e intensidad de los mismos se atenúa gracias al terreno arenoso presente en el subsuelo.
La ciudad bien puede calificarse de anárquica, por lo menos a ojos de un espectador europeo, en la mayoría de los aspectos:
a) En el desarrollo urbano, donde los asentamientos espontáneos hacen crecer los barrios, en la mayoría de los casos, de forma ilegal. Por supuesto en muchos de ellos, excepto los más céntricos, existen carencias de alumbrado, alcantarillado, agua corriente, asfaltado, aceras, etc. En el extrarradio, las viviendas se podrían calificar con la denominación española de chabolas, construidas con materiales de desecho, maderas, entramado de cañas y barro, etc., y de una sola altura. Me impresionó comprobar que la mayoría, incluidas las de mejor porte, tuviera la techumbre de chapa de uralita o metálica, sobre todo porque la temperatura media de la zona que describo es bastante elevada.
b) En la circulación vial, ya que apenas dispone de semáforos, aunque la destreza y pericia de los conductores evita conflictos mayores y teniendo en cuenta que un alto porcentaje de la circulación la desarrollan los denominados “mototaxis”, vehículos ligeros que pueden trasportar hasta tres viajeros, siendo una réplica de los que se utilizan en el sudeste asiático. Se calcula que se mueven diariamente por la ciudad alrededor de 30.000 siendo más de la mitad ilegales por falta de licencia.
c) En la seguridad ciudadana que es muy baja, y así se me hizo saber desde un principio. No es recomendable ir solo a ciertas horas, ni hacer ostentación de bienes o dinero. Diariamente, en periódicos locales, se informa de “balaceras” por ajuste de cuentas, robos de productos agrícolas, asalto nocturno a negocios y comercios, extorsiones a personas pudientes, etc. La contratación de sicarios para la solución de conflictos, cobro o cancelación de deudas pendientes, eliminación de la persona molesta, etc., es algo corriente y sabido.
d) En la corrupción, que es un mal igualmente sabido y aceptado con resignación, que alcanza desde los más altos estamentos (políticos, autoridades, magistrados, fiscales, etc.), hasta los servidores locales más cercanos (alcalde, concejales, policía, etc.), es decir, algo que todos bien conocen, y conocemos. Quien tiene dinero, resuelve sus problemas con la justicia o con la corporación local. La “coima”, o mordida en otros países, resuelve de forma rápida los problemas que a un ciudadano, si los tuviera que solventar en su ayuntamiento, le supondrían meses de demora.
No quisiera que todo lo anteriormente dicho diera una imagen infernal de esta ciudad, ni tampoco de maldad extendida a todas sus gentes, más bien todo lo contrario, pues, mayoritariamente, son personas humildes, sencillas, pacíficas, agradecidas, serviciales, honestas, religiosas practicantes aunque supersticiosas, solidarias, resignadas con lo que les ha tocado vivir, etc.
Entiendo que la falta de consolidación de ciertas leyes, servicios sociales, derechos y justicia, hacen posible que las diferencias sociales sean muy fuertes, donde los poderes y los trasgresores de las leyes, sin el contrapeso necesario de asociaciones de vecinos fuertes y partidos verdaderamente al servicio del pueblo, logren que el ciudadano corriente esté en un auténtico desamparo permanente, en el que cada uno trata de sobrevivir como puede.
Mi estancia en esta ciudad me ha corroborado, una vez más, que, cuando visitamos un país por turismo, podemos conocer sus monumentos, sus paisajes, gastronomía, playas, historia etc., pero generalmente volvemos sin conocer lo principal: sus gentes, con su forma de vida, sus preocupaciones, sus necesidades vitales, sus problemas cotidianos, sus prestaciones sociales o la falta de ellas, etc.; en definitiva, su lucha por la vida. En mi caso, he querido sumergirme en este pequeño gran mundo, ciertamente por un corto espacio de tiempo, y tratar de entenderlo y contarlo.
El 15 de abril, terminó mi voluntariado, y comenzaba una segunda parte de mi estancia en Perú, pues me había reservado unos días para conocer lo que fue el Imperio incaico, pero eso pertenece a otro contexto y, si es posible, será objeto de relato aparte.
AGRADECIMIENTOS
Son infinitos los agradecimientos que tengo que plasmar al final de mi relato, dedicados a todas las personas que han hecho posible que pudiera escribir estas impresiones:
Citaré, en primer lugar, al Hno. marista José García que, gracias a su mediación y generosidad, me invitó, en agosto de 2012, a visitar Sullana en Perú, distante 120 km. de su ciudad de Macará, en la frontera del sur de Ecuador. Él señaló el camino.
A los Hnos. Félix y Nino, rector del “Colegio Santa Rosa” y Superior de la congregación marista de Sullana, respectivamente, que me acogieron en su residencia durante toda mi estancia en esta ciudad. La convivencia, la confianza, la hospitalidad, la generosidad y el afecto que pronto se generó, además de las largas charlas que tuve con ellos, sobre lo que había sido, y era, la vida en Perú, así como con el resto de los miembros de la comunidad marista-seglar, a la que tuve el privilegio de ver nacer, sirvieron para conocer gran parte de lo que aquí he relatado. Siempre estarán en mi recuerdo.
A Blanquita, la cocinera y ama de llaves, a la que agradezco su cariño y atención, el empeño que ponía en la elaboración de sus variados platos y bebidas de frutas exóticas y, en general, por su bondadosa generosidad. Gracias “mamita”.
Al director del “Colegio San José Obrero”, Wilson Girón, por sus múltiples detalles, por su generosidad y atenciones, por los traslados diarios en su “carro”, desde la residencia al Colegio donde ejercíamos nuestra labor, por su apoyo y comprensión, por su disposición a escuchar mis sugerencias de mejora, etc. Mis respetos.
A los profesores: Víctor, Luis, Jorge y Carlos, con los que compartí horas de clases y conversaciones de sus problemas laborales y personales, por su generosidad en abrirme las puertas de sus “salones”, por su delicadeza en la presentación y despedida que me hicieron con sus alumnos, al inicio y al término de mi voluntariado, por lo mucho que aprendí con sus didácticas, etc., mi agradecimiento infinito.
A los alumnos de Secundaria, por su respeto y atención a mis exposiciones, por su interés en saber de España, por sus atenciones y dedicatorias en sus múltiples y variados escritos de despedida expresándome su agradecimiento excesivo…, mi recuerdo imborrable. Desde estas líneas, les animo a seguir por el camino del interés y el esfuerzo para la adquisición de conocimientos, que sigan siendo respetuosos, disciplinados y agradecidos con sus profesores que, como ellos, y para ellos, luchan día a día para que consigan un futuro mejor.
Mi agradecimiento, igualmente, al resto de profesores de Secundaria y Primaria, por la labor conjunta que realizan, al personal de administración, informática (donde la inauguración de los nuevos equipos, bajo la dirección del profesor Rolando, ha supuesto un gran avance), y al resto de servicios, así como a los profesores y monitores de las enseñanzas técnicas, pudiendo comprobar personalmente la actividad del módulo de panadería-pastelería invitado por Erwin y su equipo. Todos ellos tuvieron la deferencia de enseñarme las instalaciones y explicarme el desarrollo de su trabajo.
Gracias a todos los que conocí en ambos colegios, incluso a los que no he hecho especial mención y a los que pido disculpas por ello, pero que, igualmente, hicieron posible estas vivencias.
Mariano Gómez Soria
Octubre de 2014.

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