Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

Generación Y

Carlos Alberto Gavilán (Profesor de Matemáticas)

Domingo. Siete de la tarde. El verano agota sus horas mientras la última luz del día ilumina el cuarto conquistado ahora por los libros de matemáticas, los folios en blanco, los bolígrafos, los lapiceros. Mañana comienzan las clases de verdad; ésas en las que te encierras en un aula junto a veintitantos chavales como el domador en la carpa o el torero en la plaza. Pero sin público. Atrás han quedado días de oficinista tecleando programaciones, bebiendo cafés, probando llaves, tomando notas (un apunte: los nuevos tomamos notas de todo y, si prestamos atención a los ojos que nos rodean, podremos descubrir en los más veteranos una cierta mirada de conmiseración enjuagada con gotas de nostalgia), recopilando apuntes.

Junto al ordenador, en la mesa donde han quedado esparcidas las herramientas de escritura como soldados derrotados tras una batalla, me espera la prensa del día. La compré a primera hora de la mañana y, desde que la deposité en el cuarto, no había reparado en ella. De entre las portadas con grandes titulares y fotografías de los personajes del momento (un momento siempre efímero) que dejarán su huella de tinta en mis dedos al pasarlos entre sus hojas (sí, compro la prensa en papel) como un calamar que se desangrara muy poco a poco, me llama la atención el titular de la revista del suplemento dominical. En su portada, aparece un joven en actitud desafiante con la mirada fija ante la cámara que lo ha inmortalizado. Uno no sabría decir si tiene un rostro de extrañeza ante lo que le sucede o si simplemente el fotógrafo disparó justo antes de que una frase ingeniosa escapara de sus labios. Quizá por eso posa con la boca entreabierta. Encima de su pecho aparece el siguiente titular:

Generación Y
[yo, yo, yo]
Nacieron entre 1986 y 2002…

Dado que pertenezco por los pelos a esta generación, me decido a leer el reportaje. Bien.

Según los analistas, la generación Y, también llamada generación del milenio, está formada por los jóvenes que tienen ahora entre 16 y 28 años. Bien. Sus características principales, lo que les hace poder ser reconocidos como una generación, lo que, en definitiva, les define, es su adicción a la tecnología, su tendencia a la vagancia y su narcisismo. Bueno. Ahora, no tan bien. Inevitablemente dejo la lectura y voy corriendo a mirarme al espejo. Noto que mi mujer hace un gesto de extrañeza, pero no tengo tiempo para explicarle nada. La imagen que contemplo en mi dormitorio me deja algo preocupado. ¿Soy narcisista? Quizá el que mi primera reacción haya sido buscar mi reflejo en el espejo sea la mejor respuesta a mi incertidumbre. Sin embargo, los ejemplos que aparecen en reportaje de la revista hablan de selfies, de crear “la propia marca”, de “desear que te vean y te contemplen.” Eso ya no lo tengo tan claro. Algo estoy haciendo mal; debería subir una foto a mi perfil de whatsapp. Pero, continúo.

También me caracterizan (a mí, como miembro de esta generación Y), como perezoso. En esto creo que mis padres les darían la razón; ahora bien, lo que los entrevistados del artículo en discusión dicen sobre la pereza tiene más que ver con la falta de concentración. Uno de ellos asegura que sólo es capaz de esforzarse en algo si despierta en él un vivo interés; y, entonces, concluye el sujeto, no lo puede llamar esfuerzo puesto que no le cuesta realizarlo. En este caso, creo que tampoco podría adscribirme a mi generación. Yo terminé una carrera sin vocación a base de esfuerzo y dedicación. Si no, es imposible terminar teleco. Quien lo probó lo sabe.

Por último, mis coetáneos parecen sufrir una especie de adicción a la tecnología y a las redes sociales. Miden sus inclinaciones vitales (la revista dominical nos revela que su fuente es un estudio del MIT) según los parámetros de “me gusta”, “no me gusta” y el concepto “amigo”/”seguidor” se ha convertido para ellos en el paradigma de sus relaciones sociales. Ni que decir tiene que todas estas interacciones las realizan a través de los aparatos electrónicos de última generación. Si yo ahora les digo que he pasado a mano las listas de mis alumnos en mi cuaderno de profesor…

Ahora bien, según este estudio, la generación Y está capacitada para cambiar el mundo, para subvertir las desigualdades sociales y para desarrollar nuevos conceptos de economía y marketing globales. Serán los paladines de un mundo permanentemente conectado, autodidacta y nómada en el que la tecnología sea el colchón sobre el que descansen cada uno de sus sueños. Y a parte de esta generación voy a darle clase.

Domingo. Diez de la noche. Después de cenar, sigo rumiando mi compromiso con mi generación mientras la luz y el sonido de la televisión arrullan mis pensamientos. Lo tengo decidido. Mañana me despeinaré con paciencia frente al espejo hasta conseguir una expresión parecida al chico de la portada de la tarde; después haré una foto que subiré a mi cuenta de Facebook e Instagram. A Fede le pediré que me consiga uno de sus increíbles relojes traídos desde China y a Raúl le diré que me siga pasando sus aplicaciones para la enseñanza. O puede que incluso me anime y desarrolle yo una de ellas. Para no decepcionar a mis alumnos.

1 Respuesta »

  1. Como perteneciente a esta generación (la generación Y) no puedo criticarme a mí mismo, pero supongo que este informe tiene razón sobre algunos rasgos comunes en todos los chic@s de esta edad, eso sí, no todos son iguales (no generalicemos) porque a bastantes chicos, al menos que yo conozca, no les gusta, no tienen o simplemente no conocen este tipo de redes sociales.

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