Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

Festividades romanas del mes de febrero por excelencia: las Lupercales

Elena Cardeña (Profesora de Latín)

Estas fiestas de la antigua Roma que se celebraban el día 15 de febrero y fueron instituidas por Evandro el Arcadio en honor de Pan Liceo (Fauno Luperco). Los lupercos eran en el origen adolescentes que habían sobrevivido de la caza y el merodeo en el bosque durante el tiempo de su iniciación en la edad adulta. Era un tiempo sagrado y transitorio en que se comportaban como lobos humanos.

Según Ovidio, poeta romano, el ritual procedería del tiempo en que Rómulo se apoderó de las sabinas. Los dioses, ofendidos por el rapto, castigaron a los romanos con la esterilidad de sus esposas.

La maldición cesó cuando un adivino inmoló un macho cabrío y golpeó a las jóvenes con correas hechas de la piel del animal. El pueblo quedó “februatus“, que en lengua sabina significa “purificado”. Februarius era el “mes de la purificación”. Februum es la palabra que recibieron los romanos de los sabinos. Con este nombre (en plural, februa) designaban los sistemas de purificación y las lustraciones y, por extensión, las ceremonias religiosas destinadas a expiar los pecados, con los respectivos sacrificios expiatorios.

En la cultura romana el mes de febrero era el mes dedicado a la limpieza general del año: en este mes se realizaba la poda de los árboles, no solo como necesidad agrícola, sino también como rito; se limpiaban a fondo los establos; se limpiaban los campos (arva) y para dar solemnidad ritual a esta fase tan importante de las labores agrícolas, se hacía una solemne procesión por todos ellos en el contexto de las Lupercales y se celebraban las fiestas llamadas ambarvalias. Para las ciudades se instituyó una réplica denominada amburbium. El día en que se celebraba esta procesión se llamaba februatus dies.

Las Lupercales se inciaban con el sacrificio ritual en la gruta del Lupercal, situada en el monte Palatino, en la que, según la leyenda de la fundación de Roma, la loba había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo. Las víctimas del sacrificio son cabras (en número indefinido) y también un perro (Ovidio, Fasti II, 361). También se hacían ofrendas de la mola salsa, la harina sagrada de las vestales, hecha con las primeras espigas del año anterior.
Plutarco (Romulus, 21,10) relata que, tras el sacrificio de las cabras, dos jóvenes (no se especifica si eran miembros de la cofradía de los Lupercos) se acercaban al altar y el sacerdote les ungía la frente con el puñal del sacrificio aún manchado con la sangre del animal sacrificado. Seguidamente, los otros participantes les limpiaban la sangre con un pedazo de lana empapado de leche, momento en el cual los jóvenes debían romper a reír.

Los Lupercos, vestidos rudamente con las pieles de los animales sacrificados, según algunos autores (Justiniano 43, I, 7), o bien desnudos según otros (Ovidio, Fasti II, 267, 300), iniciaban una carrera alrededor del Palatino. Esta carrera imitaría, según Ovidio (Fasti II, 365-380), la de Remo y Rómulo para salvar los toros de este último de los ladrones. Corriendo, los Lupercos blandían las tiras hechas de la piel de los animales sacrificados, prodigando latigazos con ellas a aquellos que encontraban por el camino, pero especialmente a las mujeres, con el fin de asegurar su fertilidad.

Esta flagelación es justificada por Ovidio (Fasti II, 425-452) a través de una historia referente a la esterilidad de las sabinas, tras ser raptadas por los latinos. La solución enigmática al problema, recibida de la diosa Juno, ” Italidas matres, inquit, sacer hircus inito!” (“Que un cabrío sagrado penetre las mujeres de Italia”), fue resuelta por un adivino etrusco, que inmoló un cabrío, cortó la piel a tiras y flageló la espalda de las mujeres, que recuperaron así la fertilidad. Luego corrían por un sendero de piedras que estaba allí desde tiempos remotos. El clima era de desenfreno y frenesí. Algunos personajes importantes posteriores se avergonzaban de conocer a personas participantes en este tipo de fiestas, que eran a su entender inmorales, como es el caso de Cicerón.

Se habla también de un banquete ritual con la carne de los animales sacrificados, que Valerio Máximo (II, 2,9, en la leyenda de la fundación) sitúa tras el sacrificio, y otros autores tras la carrera.

Cada 15 de febrero se repetía en las faldas del monte Palatino, en la antigua Roma, el sorprendente ritual de las fiestas Lupercales.

Acaso sea una simple casualidad, pero resulta que después de haber luchado el papa Gelasio I (492-496) y sus antecesores por extirpar las Lupercales de las costumbres del pueblo, acabó por crear en las mismas fechas (la iglesia romana, el 2 de febrero; la griega, el 14; las Lupercales, el 15) la fiesta de la purificación.

Más sorprendente aún es que el emperador Justiniano I introdujera esta fiesta en el imperio de Oriente el año 542 tras una peste que, después de asolar Egipto y Constantinopla, amenazaba el resto del imperio. El sentido de purificación y expiación que informaba las Lupercales debía formar parte, con toda probabilidad, del sentido de esta nueva fiesta cristiana. La limpieza física y la de costumbres habían de formar parte de los ritos para estar bien garantizadas.

LUPERCALES

Fuente: GRUPO BONA DEA (http://grupobonadea.blogspot.com.es/)

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