Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

Una noche distinta

Estela Montero (4.º ESO C)

Era una noche de las más frías del invierno. La neblina hacía la visibilidad escasa, casi nula, y en el campanario del pueblo tocaban ya las doce. El redoble de campanas esta noche suena más hueco y estruendoso que de costumbre, tanto que da hasta miedo.

Hacia media tarde, la hija de una familia no muy adinerada , pero que tenía suficiente para subsistir, había salido a dar un paseo con su caballo y aun no había vuelto. Los padres, algo despreocupados, creen que se habrá resguardado en algún lugar debido al espesor de la niebla y que continuaría el camino de regreso a casa al amanecer. No sería la primera vez que ha pasado, y su hija es nata de aquellas tierras y se las conoce como la palma de su mano. No habría peligro alguno.

En parte no se equivocan. La muchacha se encontraba lejos, muy lejos de allí. Abrumada y asustada. El caballo la había dejado tirada en cuanto comenzaron a oírse aullidos de lobos. Sí, aullidos de lobos; a pesar de la niebla debía haber luna llena. Atemorizada, salió huyendo y perdió la noción del tiempo y de dónde se hallaba. Tenía las manos ensangrentadas, el cuerpo magullado y no le quedaba aliento ni para respirar. El frío se le metía en los huesos y le impedía avanzar. Sola, se sentía sola, apabullada, cuando un sonido la sobresaltó. No tenía fuerzas ni para gritar, solamente se oyó un leve jadeo. El sonido era cada vez más notable, ya no eran imaginaciones suyas, y se estaba acercando. La chica, despavorida, se quiso levantar pero no podía. Lo que sea que fuera esa cosa la iba a alcanzar y ella no podía hacer nada. Comenzó a sollozar, no le quedaba nada más, aunque no le servía para consolarse sino para saber que era más vulnerable de lo que creía. Al final se armó de valor y, encaramándose al árbol más cercano, se levantó pero ¿a dónde ir? Daba igual, con tal de alejar a esa cosa, y empezó a correr. Las piernas le temblaban, pero era mayor el miedo que tenía. Las pisadas comenzaron a aumentar la velocidad, la seguían. “¿Qué era?”, “¿por qué ella?” Y lo más importante: “¿Qué querría de ella?”

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