Periódico digital del Colegio "Villa de Móstoles"

Ópera: el género desconocido

Luis F. Guillén (amante de la ópera)

Cuando Víctor Hugo asistió a la función de Rigoletto con la idea de exigir a Verdi derechos de autor por haberle plagiado el argumento de su novela, quedó maravillado ante la perfecta conjunción de instrumentos y voces que allí se concitaban.

El estreno de la ópera Carmen, en Río de Janeiro, provocó tales altercados en la taquilla que hubo heridos y muertos por hacerse con una entrada. Sin embargo, unos años antes, en París, recibió una acogida más que fría.

El maestro Puccini, autor de la maravillosa ópera “La Boheme”, se hizo inmensamente rico a finales del siglo XIX y hoy en día podrían cobrar sus herederos los derechos de las diversas adaptaciones modernas que se han realizado durante el XX. El ejemplo más palpable es “Rent”.

Rossini, el autor de “El barbero de Sevilla”, nació escasamente tres meses después de la muerte del gran genio Mozart. Parece que el destino quería que un gran maestro sucediera a otro en el curso de la historia.

Pero la grandeza de este género desconocido, que en un principio fue creado para las cortes reales, está en la popularidad que alcanzó posteriormente entre todas las clases sociales. La ópera hacía que la gente se sintiera identificada con sus personajes ficticios, con las situaciones creadas, con los exóticos escenarios montados.

Y la ópera tiene la gran baza de la música. Esas escenas cinematográficas que tantas veces nos han hecho llorar estaban, en muchos casos, apoyadas por una música de fondo. Las obras de teatro actuales también usan de manera especial este recurso para ganar emotividad. Y la ópera es el culmen de la armonía hasta Puccini.

Si no la habéis redescubierto todavía, podéis empezar con Carmen de Bizet, con “La flauta mágica” de Mozart, “La Traviata” de Verdi o El Barbero de Sevilla de Rossini. Creo que cualquiera de estas cuatro serían ideales para comenzar. Pero eso sí, antes de asistir a la representación, hay que hacerse con el libreto donde se cuenta el argumento y hay que escuchar las partes más significativas dos o tres veces. Cuando vayáis al teatro, vais a disfrutar el doble, porque estas composiciones están tan cuidadas que enganchan, y cada vez que las oyes de nuevo descubres matices que ignorabas.

Parafraseando a Aristóteles, todos los géneros musicales son más populares que la ópera, pero ninguno es mejor…

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